Se acercan las vacaciones y una familia llega al pueblo, ocupada con sus asuntos habituales. Son dueños de un campo de tiro. Palos, rifles y luces de neón. Ese es su hogar. Todos necesitamos sentir que pertenecemos a algún lugar, pero ¿un campo de tiro puede considerarse un hogar? ¿Qué necesita un hogar para serlo?